Pocas veces se ha creado tanta expectación en el mundo del rol español como con el caso de la casi aparición de un juego. Digo casi porque lo que vimos ayer no fue más que la reserva anticipada de un producto que está en las imprentas, realizando la travesía que a todo creador más mariposas le suscita en el estómago. El paso final, el último peldaño, el giro definitivo de una tuerca. En unas horas, se ha agotado la tirada prevista para dicha reserva entre los quejidos de una web que no estaba acostumbrada a tal avalancha.
Que sea un retroclón, una caja o el mismísimo sudario de Cristo, es lo de menos. La lectura sustancial que hemos de sacar de esta lección (porque es una lección, y magistral) es que lo que importa no es el estándar del mercado, la macroeconomía o el grandioso plan hecho con miles de fórmulas demasiado estiradas, sino la forma de hacer las cosas y su proceso desde la claridad sobre el lugar que uno ocupa. Los muchachos de La Marca lo tenían claro desde un principio: son pequeños y no pueden aspirar a tragar más de lo que sus gaznates admiten. Pues eso han hecho: masticar mucho y saciarse, quedándose con ese punto de hambre que es tan sano según los nutricionistas.


