El interés del ser humano por extender su poder y dominación es tan antiguo como su propia historia sobre el planeta. Herederas de este virus propio de la inteligencia más atávica, la soberbia y la sinrazón también alimentaban los sueños de grandeza de los protagonistas de Veragua, hombres blancos europeos que posaron sus pies sobre las tierras vírgenes de la recién descubierta América, con la noble intención de apropiarse de ellas y sus gentes, en todos los sentidos.
«Aunque las costas de Norteamérica ya habían sido recorridas por navegantes europeos antes de acabar el siglo XV (expediciones de Juan Caboto en 1497, por cuenta de Inglaterra) siguió siendo un territorio virgen al norte del actual México hasta casi un siglo más tarde, cuando los calvinistas franceses se asentaron en la Florida (y fueron expulsados por Menéndez de Avilés) y cuando los ingleses exploraron Virginia.


