Un
blanco fijo es un blanco muerto. Por eso la Horda está constantemente
moviéndose. Agotando los recursos de los lugares en los que nos
asentamos. Nos gustaría poder hacer otra cosa, pero no es posible. Las
pocas buenas tierras que hay en este mundo ya están ocupadas y nosotros
sólo podemos viajar de una a otra esperando tener suerte y caer en un
lugar del que podamos abastecernos sin muchos problemas. Podría parecer
un modo oportunista de sobrevivir. Quizás lo sea, pero no tenemos muchas
opciones y además es peligroso. Ojalá tuviéramos un pueblo tranquilo
donde asentarnos, cultivar nuestra tierra, tener un rebaño, unas
gallinas y una casa cálida y que no se moviera como una cabra borracha a
cada tirón de las mulas.
Las noches son lo peor. En las llanuras los murciélagos comunes han mutado hasta transformarse en enormes depredadores, los nightstalkers.
Pueden apoderarse de un niño descuidado fácilmente y transmiten muchas
enfermedades. Una de las peores cosas que puede haber en una caravana,
en una tribu o en un clan, es una epidemia. He visto hordas enteras
desaparecer del mapa en cuestión de semanas por haber contraído una
enfermedad contagiosa. Vas siguiendo una ruta por el desierto y cada
pocas millas vas viendo las tumbas, al principio en grupitos pequeños,
luego cada vez mayores a medida que avanzas, hasta que al final
descubres los restos oxidados de las carretas aún amarradas a los
esqueletos de sus animales y eres tú quien tiene que enterrar los
cadáveres de los últimos supervivientes.


