El pasillo de servicio B-4 de la nave de transporte Ugly Betty se había convertido en un auténtico infierno. Cientos de proyectiles explosivos de 10 mm. saturaban el aire sembrando de metralla y fuego todo lo que tocaban.

Por encima del sonido de las detonaciones, el traqueteo de un arma automática y los chillidos de alguna especie de criatura infernal, se escuchaban, altas y claras, las locas carcajadas de un hombre.

Alzada entre el humo de la pólvora y los vapores, con un puro de generosas dimensiones en su boca y un creciente montón de casquillos a sus pies, se podía entrever una silueta alta y fornida que empuñaba una voluminosa ametralladora cuyo dueño aullaba gritos de guerra intercalados con sonoras risotadas.

Todavía no había nacido el engendro espacial lo suficientemente cabrón como para acabar con él, pensaba mientras apuntaba hacia uno y otro lado segando la vida de aquellas malditas criaturas.que lo rodeaban. No había sobrevivido a la purga, ni le importaba. Lo había hecho a los imúltiples intentos de asesinato que había ordenado contra él El Conglomerado, y a más enfermedades venéreas de las que podía recordar o ser humano podría imaginar, y no era el momento de morir en aquel apestoso pecio en medio de ninguna parte. No, no y no.

Era Aaron Hunt, azote de mercaderes, violador de doncellas y pirata por la gracia del vacío. Puede que su vida hubiera sido una orgía de muerte, sexo, drogas y tropelías varias, pero no sería esa noche ni esa nave quienes vieran su final. No.

A diferencia de su mezquina tripulación —bueno, ex tripulación—, él había invertido hasta su último crédito en aquella arma y en suficiente munición como para derribar una fragata espacial. Aquel enorme pedazo de acero y duraluminio iba a sacarle de aquella sí o sí, y a partir de ese momento las cosas iban a cambiar. Sí.

Se dedicaría a recorrer la galaxia exterminando aberraciones. Sí, eso es. Se convertiría en un aclamado cazador de bichos. Los hombres le rendirían pleitesía, las mujeres fáciles se arrojarían a sus brazos e ingentes riquezas llenarían la bodega de su reluciente nave nueva. Ya podía verlo, prácticamente lo acariciaba.

En esas y otras cavilaciones estaba absorto cuando una ominosa sombra se irguió a sus espaldas. Los disparos cesaron repentinamente mientras un ensordecedor alarido de dolor y desesperación se abrió paso a través del casco del moribundo carguero perdiéndose para siempre en el oscuro vacío.

Bueno, todos sabemos que nada se pierde indefinidamente en el espacio. Nada.

 Del Sr. Alfa Foxtrot.

Piratas del vacío [Toma 1]

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martes, 22 de marzo de 2011

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6 Comments
Abe dijo...

Me retiro, maestro. Después de leer esto, sólo escribiré versiones de Caperucita.

alberto_orco dijo...

Coño Abe, tan malo como para sacarse los ojos no es.......... XD XD XD

Abe dijo...

No me sacaré los ojos para poder leer el juego, pero me cortaré las manos para no volver a escribir X-DDDD

Wulwaif dijo...

¿MÁS PARA CLIFFHANGER?

Que ganas tengo de hecharles el guante.

Ludotecnia dijo...

Además, y esto es una primicia, este relato sirve de puente entre dos de los volúmenes de la colección: Piratas del vacío y Xenomorfos, que se está trabajando para que sean plenamente compatibles. ¡No cambiéis de canal, seguiremos informando!

Miss dijo...

Hola!
Como va el cliffhanger de Roma?
Tambien se vera afectado por el retraso?
Espero que no! :)
La espera se esta haciendo larga!