Mi nombre es Flaviano y me llaman el Antioqueno porque nací en la bella ciudad de Antioquía hace ya más de seis décadas. Soy hijo de Flaviano Maximiano, tribuno de la Tercera Cohorte de la Valiente y Leal Caballería de los Rugios. Mi padre nació en Sirmio, en Mesia, junto al Danubio, pero su unidad, formada a partes iguales por romanos y por bárbaros fue destinada a la frontera de Mesopotamia en tiempos de la guerra contra el Gran Rey y, al licenciarse, él quedó en Siria y terminó casándose con una joven griega, mi madre Rodibea. Allí vivieron ambos hasta el final de sus días.

De mis progenitores heredé una regular fortuna, en parte gracias al regalo de licenciamiento de mi padre y en parte por la herencia de mi abuelo materno, un conocido mercader y armador. Mi juventud, mi sed de aventuras y mi deseo de incrementar el haber familiar me impulsaron desde joven a participar en cuantos viajes pude, hasta lejanas tierras, en oriente y en occidente, del septentrión al austro. Y nada de lo que vi, ninguna de las maravillas del orbe sació jamás mi curiosidad, sino que la alentó aún más hasta que por fin, viejo y cansado, lleno de cicatrices, achaques y dolores me veo obligado a recluirme en mi villa, la que veis, a la vista de los meandros del noble Orontes y no lejos del antiguo palacio de la estirpe de Seleuco, el Vencedor.

Ahora, cuando enrojecen las hojas de la vid, como un recuerdo de mi propia mortalidad, en este otoño cálido y amable, con vuestras elegantes copas de vidrio de Fenicia, me preguntáis por el inmenso mundo que conocí y que aún os rodea y espera. Algo he de contaros, pues no os conforméis, como Odiseo, con la vuelta a casa tras vuestro viaje, sino que mientras seáis jóvenes y osados debéis aspirar a que vuestro periplo no termine y que siempre haya un puerto más en el que fondear y que siempre una tierra extraña os esté aguardando tras cada mar y cada promontorio.

Que cómo es el mundo, me preguntáis. Qué audaz pregunta y qué audaz deberá ser la respuesta.

¿Qué os diré, que no consuma el poco tiempo que me queda de vida, igual que cada sorbo agota el vino en nuestras copas? Os diré… os diré cómo fue el mundo y os diré cómo lo vi en mi juventud para que os fascine igual que me fascinó a mí. Os contaré cómo era cuando decidí partir de mi hogar, confortable y lujoso, y recorrer las sendas anchas del mar y las estrechas veredas de la tierra.

de D, Abelardo Martínez.

Flaviano Antioqueno

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lunes, 20 de febrero de 2012

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1 Comment
Avatar dijo...

Como he dicho en G+, yo de mayor quiero escribir como Abelardo. Así da gusto.