Tom se estaba despertando, lo notó porque se agudizaba el dolor de su pierna izquierda. Después sintió cómo se bamboleaba su cabeza. Luego, el dolor en su mejilla le hizo pensar que le estaban abofeteando. Cierto. Decididamente le estaban abofeteando.

Abrió los ojos y notó le costaba un esfuerzo indecible hacerlo. De hecho, sólo con mucho trabajo consiguió abrir el derecho. Había una luz. Amarilla. No muy viva pero enfocada a propósito hacia su cara para hacerla todo lo hiriente que resultara posible. También pudo ver otras cosas apuntándole a la cara, pero no daban luz.

—Vaya —oyó decir—. Así que el tovarich va despertándose. ¿Nos puedes oír, tovarich?

Tom escuchó otra voz.

—¿De dónde habéis sacado a este capullo?

—Es un cimmer —dijo el primero—, cayó en una emboscada a quince millas de aquí. Hicimos volar un BTR con siete más como él, pero éste sobrevivió.

—Deberíais haberlo rematado. Esos hijos de puta no sirven ni para respirar y sus amigos estarán buscándolo también, para matarlo antes de que hable —Tom vio como éste torcía la boca en un simulacro de sonrisa.

—Eh, tovarich —dijo el primero— ¿qué diablos te pasa? ¿estás vivo o muerto? Vaya, vaya… si estás vivo… A ver qué dice aquí: Thomas Jefferson Wright, soldado de primera clase de la Milicia Cívica, carné número 23365 del Partido… oh, oh… amiguito, has caído en las manos equivocadas, en tu id dice también que eres del Tercer Batallón de la Reserva Móvil de la Zona Uno. Vaya, vaya, reserva móvil de la Milicia —el tipo silbó.

—Tom vio cómo el tío que tenía delante de él abría una carpeta. No pudo distinguir bien los rasgos del rostro por culpa de la luz, pero no era tan potente como para que no pudiera empezar a ver. Debían de estar en un escondite subterráneo o algo así, seguro que la electricidad procedía de un generador autónomo. Aunque con las últimas restricciones energéticas del Gobierno, también era posible que faltara luz en un domicilio particular. La verdad es que no era una pista concluyente, pensó Tom.

—Vamos a ver si esto concuerda con lo que tenemos nosotros en nuestros archivos… ajá… todo cuadra, tu nombre, tus destinos, tu filiación al Partido… un momento… ¡Mira…! ¡Qué casualidad! Mira lo que dice aquí, tovarich, resulta que el soldado de primera clase Tom J. Wright estuvo hasta hace un mes en las patrullas de caza de patos alrededor del Área Prohibida de Annápolis.

Tom tuvo la sensación de que en ese momento el suelo se abría bajo sus pies. Lo habían descubierto.

Joder. Ahora sí que era hombre muerto ¿quién les pasaba esa información? Tom sentía cómo la ira empezaba a hervirle en el pecho. Los insurgentes no tenían piedad con las patrullas de caza de patos: se trataba de pequeñas unidades de francotiradores de la Milicia que, armados con fusiles Dragunov y visores nocturnos, se infiltraban en las zonas controladas por la resistencia o en las Zonas Prohibidas, para cazar insurgentes. Sí, justo. Como patos.

Tom esbozó una sonrisa, pero le dolía la cabeza y el tirón de los músculos del rostro hizo que todavía le doliera más.

—¿Te hace gracia, tovarich? ¿Te gusta matar patriotas? —el tipo se había puesto peligrosamente serio, pensó Tom, y eso era malo. Tenía que enterarse de todo lo que pudiera, sobrevivir y huir para contarlo. Poca gente había estado en los escondites (foxholes en el argot) de la insurgencia y había regresado, pero a él le habían entrenado precisamente para conseguirlo. No podía huir sin más. Tenía que llevar información valiosa de vuelta o sus mismos compañeros lo tomarían por desertor o por agente doble. Mierda, menuda perspectiva.

—Mira, tengo a una docena de tipos ahí fuera, afilando sus cuchillos y esperando para despellejarte con ellos en cuanto yo se lo permita. Ya sabes, gente de Miami, de los que acuchillaban a los paracas cubanos mientras caían. Quizás pueda conseguirte una muerte rápida e indolora, ¿eh, Tom? pero para eso me tienes que ayudar, ¿sabes, tovarich? Apuesto a que sabes un montón de cosas interesantes sobre el perímetro de seguridad de la Zona Prohibida de Annápolis ¿verdad?

Tom volvió a sonreír dolorosamente.

—Y ¿qué te gustaría saber a ti… patriota? —respondió Tom, mientras discurría desesperadamente buscando una manera de escapar de esa encerrona.


De Soviet States of America.

Tom SSA

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martes, 17 de enero de 2012

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2 Comments
Avatar dijo...

Qué calladito te lo tenías XD

Me encanta, me encanta, me encanta. Se nota la buena mano de quien lo escribe y me recuerda a un juego de la PS2: Freedom Fighter, que nunca recibió el reconocimiento que realmente se merecía. Este juego va a ser uno de mis favoritos, lo digo ya.

Wulwaif dijo...

Un buen relato, si señor, me acaba de dar unas cuantas sugerencias para alguna prtida.