«Y lo pusieron en jaula con cadenas, y lo llevaron al rey de Babilonia; lo metieron en fortalezas, para que su voz no se oyese más sobre los montes de Israel.» [Ezequiel 19, 9]

Un líder religioso muy conflictivo como para estar en libertad, un peligroso asesino en serie condenado a muerte, un yuppie encarcelado por un falso delito, un grupo de cultistas buscando las pistas de una antigua religión oculta en los cimientos del presidio, un buen hombre buscando liberar a su hermano del corredor de la muerte, un capo de la mafia venido a menos, un agente de narcotráfico infiltrado en secreto como preso, un camello de poca monta convertido aquí en poco menos que un rey… o incluso un guardia de prisiones tentado por el dinero sucio pero fácil que puede suministrar el contrabando. Una pequeña muestra de la disparidad de personajes e historias que puede albergar un presidio.

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Bienvenidos a Babylon

Publicado el

jueves, 16 de agosto de 2012

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Los canales de distribución han ejercido siempre de grandes monopolios, aunque su tamaño apenas dé para cubrir la cabeza de un alfiler. Siempre lo han tenido fácil, no es por nada. Por su dimensión y posición pueden prometer el mundo si hace falta, a cambio de unas migajas del esfuerzo de quien cae en sus manos, para terminar agarrándole de aquel sitio si se deja.

Con el de prostituta, el de intermediario es el oficio más viejo del mundo, y si estiro el concepto, llegaría sin demasiado esfuerzo a pensar que es el más añejo de todos, porque no sé por qué, entre carne y carne siempre intuyo a alguien que supo tasar la oportunidad y el qué en una pieza de venado. [Leer más]

¡Déjà vu!

Publicado el

miércoles, 15 de agosto de 2012

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Volviendo al hipogeo prototípico, éste no disponía de marcas visibles que señalaran lugar alguno, y todos sus accesos permanecerían sellados y cubiertos por la tierra y arena del desierto. Además, los accesos, cañadas, vericuetos y sendas interiores del valle eran vigilados por la guardia nubia de los medyai, que también vigilaban con celo el pueblo donde se concentraban todos los obreros encargados de la construcción de las tumbas, conocido como Deir el-Medina (cerca del Valle de los Reyes). Es factible que los propios saqueadores de tumbas vivieran en este pueblo, o que tuvieran contactos con algunos de sus habitantes, que disponían, como te puedes imaginar, de información privilegiada.

La inmensa mayoría de los robos, en realidad, tenían lugar a las pocas horas del enterramiento, o días a lo sumo, con la connivencia de los guardias y constructores. Aunque, en el mundo de nuestro juego, al intercalar elementos fantásticos que redundan en la dificultad y la peligrosidad de la tarea, las tumbas serían mucho más inaccesibles y letales, lo que redundaría en una mayor seguridad, y por ende, en un número menor de saqueos, así como una más alta especialización de los ladrones... nuestros héroes.

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El arte del robo

Publicado el

martes, 14 de agosto de 2012

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